Un hombre paga 800 euros al mes por dos vasos de agua al día en una residencia de ancianos: “Nosotros no ponemos las reglas”
Selección: Suiza
A sus 99 años, Hans Kölliker es la excepción de los jubilados de su edad. Residente de un centro de mayores en la región suiza de Oberaargau, sigue siendo una persona totalmente independiente. Conduce su propio vehículo, gestiona personalmente su documentación y disfruta de sus paseos por el bosque. Sin embargo, su envidiable estado físico ha quedado en un segundo plano tras verse envuelto en una situación casi surrealista. Según se ha desvelado, la residencia le está cobrando 728,50 francos suizos al mes (alrededor de 795 euros) únicamente por servirle dos vasos de agua diarios y recordarle que debe bebérselos.
Hasta hace unos meses, la situación económica de Kölliker en el centro era muy distinta. Llevaba tres años instalado allí bajo un nivel de cuidados considerado básico, por el cual abonaba de su bolsillo unos 66,65 francos suizos (apenas 73 euros mensuales). Todo cambió el pasado mes de septiembre, cuando una nueva evaluación sobre sus necesidades asistenciales decidió elevarlo al llamado “nivel 2 de dependencia”.
Ese pequeño cambio administrativo disparó su cuota mensual hasta rozar los 1.200 euros mensuales. Y lo más llamativo es que, de ese total, prácticamente 800 euros corresponden exclusivamente a la “gestión de su consumo de líquidos”. “Me cobran 728,50 francos al mes por dos vasos de agua diarios y un recordatorio para que beba suficiente. Es difícil de entender”, lamentó el propio anciano en declaraciones al semanario local Beobachter.
Pese a la evidente indignación del residente, la dirección del geriátrico defiende que el sobrecoste está justificado. Según explican, su equipo sanitario lleva a cabo “medidas regulares de preparación y apoyo” pensadas para prevenir cualquier riesgo de deshidratación. Este servicio de prevención incluye, en la práctica, preparar los vasos de agua y realizar el recordatorio de manera periódica.
Desde la propia residencia no ocultan que Hans tiene una autonomía envidiable en su rutina diaria y reconocen que es completamente capaz de asearse, levantarse de la cama o tomarse la medicación sin ningún tipo de asistencia. Aun así, se escudan en la estricta normativa médica para justificar el gasto: “Nosotros no hacemos las reglas del juego. Solo intentamos aplicarlas correctamente”, afirmó el presidente del consejo de administración del centro.
Lejos de quedarse en una simple anécdota, el caso de Kölliker ha provocado una gran controversia en toda Suiza y ha puesto en el punto de mira al sistema nacional de cuidados geriátricos. No se trata de un incidente aislado. Durante el último año, la implantación de un nuevo programa informático encargado de evaluar las necesidades médicas de los mayores ha desatado una oleada de quejas, provocando un aumento drástico en las cuotas de numerosos ancianos en diferentes regiones del país helvético.
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Fuente: AS.com