Las reflexiones de Luis de la Fuente antes del Mundial que explican el éxito de la selección: “El entrenamiento no es solo un esfuerzo físico”Por Nel Gómez
Selección: España
La victoria de España en la Copa del Mundo ha reivindicado muchos nombres en el panorama del fútbol internacional. Rodri ganó el Balón de Oro del Mundial, Pau Cubarsí fue elegido mejor futbolista joven y Unai Simón se quedó con el Guante de Oro. El mérito, sin embargo, va mucho más allá: los 23 jugadores convocados lo han dado todo para llevar a la Roja a lo más alto, y si alguien es el primer responsable del triunfo de la selección, ese es Luis de la Fuente, el encargado de que todos remaran en la misma dirección.
La victoria de España es la victoria de un tipo corriente, un gran entrenador que lleva la normalidad por bandera y que, poco antes de que empezara el Mundial, publicó unas memorias donde dejó varias reflexiones sobre su filosofía de vida y su trabajo. En este libro, La vida se entrena cada día (Ediciones B), Luis de la Fuente cuenta en primera persona su propia trayectoria y deja algunas de las claves del espíritu del equipo al que entrena y al que ha llevado a lo más alto del fútbol internacional.
“Después de los entrenamientos, les doy las gracias por el buen trabajo realizado (cuando no ha habido un buen trabajo también se lo digo) y siempre termino la charla con una coletilla: ”Pero, señores, mañana hay que ser mejores“, escribe en un párrafo el seleccionador. “Mi grado de exigencia es ese: hay que superarse. Y hay que predicar con el ejemplo. Ellos saben cómo es mi ambición deportiva y cómo es mi rutina diaria. Me ven en el gimnasio dándolo todo, y es que el entrenamiento no es solo un esfuerzo físico, es un ejercicio de perfeccionamiento que representa la voluntad de ser un poco mejor cada día, de competir con uno mismo. La superación es una máxima en mi vida, en todos los aspectos”.
Para quienes se pregunten por el origen de esta filosofía, tanto vital como profesional, hay que remontarse a hace varias décadas, cuando Luis de la Fuente era futbolista en una de las mejores generaciones de la historia del Athletic Club de Bilbao. Como jugador, ganó dos Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa de España, aunque fue uno de los pocos jugadores de ese equipo campeón que no fue convocado para jugar con la selección española.
Además, en el tramo final de su carrera, especialmente tras superar los 30 años, empezó a sufrir con frecuencia molestias articulares y problemas de rodilla. “Comencé a cuidarme, a tener otra mentalidad respecto a mi profesión, entendí que muchas de las lesiones que había sufrido eran porque llevaba una vida desordenada. Me di cuenta de que nadie te regala nada”. Esa lección es la misma que trata de enseñar a sus jugadores: “A los jóvenes les cuesta conectar con esta reflexión. Pero, al madurar, van entendiendo lo complicado que es estar en la élite año tras año. Yo trato de explicarles que lo único innegociable es el esfuerzo, el sacrificio, el empeño, el trabajo en equipo, no el resultado”.
Con todo, Luis de la Fuente estaba seguro del éxito de la selección incluso antes del Mundial: “Estamos ante una de las mejores generaciones de la historia del fútbol español”, escribe en su libro. “Me llevo al equipo a aquellos futbolistas de los que tengo la certeza de que van a desarrollar esa idea de manera natural porque están seguros de ello. Estos hombres son muy buenos, pero hay que convencerlos de que, con esos principios de trabajo, de unión y de generosidad, ganamos todos”. Dado que entrenó en las categorías inferiores del combinado nacional, a muchos los conocía desde hacía años. “Ya percibía entonces cosas en ellos muy buenas”.
A estos ‘viejos’ conocidos se les han unido otros compañeros de viaje, como Pau Cubarsí o Lamine Yamal. “Lo más destacable de Lamine, aparte de su gran talento, es que entrena tres horas al día, va al gimnasio, visita a su fisio, a su nutricionista, a su psicólogo... y se entrega a su entrenamiento invisible, que es lo más importante. El entrenamiento invisible es algo que mucha gente desconoce. Se trata de estar veinticuatro horas pensando en tu trabajo. A Lamine no le regala nadie nada”.
Eso sí, a pesar de tener tanto talento a su alrededor, quien toma todas las decisiones es él. “No me hipoteco con ningún jugador”, afirma. “Saben de mi honestidad y que, de la misma manera que cuando les llamo es porque creo que es lo correcto, cuando dejo de hacerlo es por el mismo criterio”. Y, al final del libro, también lanza una predicción que, dos meses después, se ha visto completamente cumplida: “Lo que siento es que tenemos capacidad para pelear hasta el final, que vamos a estar en disposición de levantar la copa. Opino que mis jugadores son los mejores del mundo y creo que es legítimo pensar así”.
Fuente: Infobae