Adiós al tabaquismo: el país europeo que asombra al mundo al quedarse sin fumadores
Selección: Suecia
Suecia acaba de romper un techo histórico en salud pública: un país entero se queda sin fumadores. No es una metáfora, es un dato oficial que ya circula en organismos internacionales: sólo el 3,7% de los suecos fuma a diario, según el informe Vanor och konsekvenser 2025, la encuesta nacional más amplia y detallada sobre hábitos de nicotina del país. Una cifra tan baja que ningún otro Estado del planeta ha logrado acercarse. Pero lo fascinante no es solo el dato: es cómo lo han conseguido y, sobre todo, cómo Europa está haciendo exactamente lo contrario.
La clave sueca no ha sido prohibir la nicotina. Al contrario: la población sueca consume nicotina, pero no humo. Es la distinción fundamental que Europa sigue sin querer asumir. En Suecia, el cigarrillo tradicional ha sido sustituido por alternativas sin combustión: primero el histórico snus, después las bolsas de nicotina y también productos de vapor y calentado. El estudio confirma que la transición masiva hacia estas alternativas ha desplomado el tabaquismo, no el consumo de nicotina en sí. Y esto tiene una consecuencia directa: las tasas más bajas de cáncer de pulmón y mortalidad asociada al tabaco de toda la Unión Europea. Una reducción basada en física básica: si eliminas la combustión, eliminas la fuente del daño.
Mientras Suecia demuestra que distinguir entre combustión y no combustión salva vidas, Bruselas avanza hacia la revisión de la Directiva de Productos del Tabaco (TPD) con un enfoque exactamente opuesto: la UE quiere equiparar los cigarrillos tradicionales, el vapeo, las bolsas de nicotina y el tabaco calentado. Es decir, regularlos como si fuesen lo mismo, tratar la nicotina como el problema, no la combustión.
Un giro regulatorio que contradice todo lo aprendido en Suecia y que amenaza con desincentivar las alternativas menos nocivas, frenar las tasas de abandono real del cigarrillo, consolidar el mercado del tabaco tradicional y multiplicar el mercado ilícito, como ya ocurrió en Francia. Europa se encuentra, literalmente, a punto de legislar contra la evidencia.
Mientras tanto, al otro lado del mundo, Nueva Zelanda ha logrado convertirse en el segundo país que más se acerca al estatus de “libre de humo”, con apenas un 6,8% de fumadores diarios. ¿Su secreto? El mismo que el sueco, pero aplicado con decisión política: facilitar el acceso al vapeo como herramienta real de abandono. El Ministerio de Salud neozelandés es claro: los cigarrillos electrónicos han sido uno de los motores principales de la caída del tabaquismo, sobre todo entre colectivos donde las terapias tradicionales fracasaban sistemáticamente. El caso de Nueva Zelanda, legislando con datos, también funciona.
Y aquí llega la parte incómoda: España está siguiendo la senda opuesta a Suecia y Nueva Zelanda. En un país con más del 25% de fumadores, las medidas planteadas siguen centradas en prohibir, restringir o equiparar, en lugar de diferenciar entre lo que mata (la combustión) y lo que no. Mientras unos países consiguen que su población abandone el cigarrillo tradicional, España sigue atrapada en una ecuación política que viene de Europa.
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Fuente: AS.com