Marruecos da un paso histórico en su industria militar
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Marruecos está dando un salto cualitativo en su estrategia militar: quiere dejar de ser un simple comprador de armamento para convertirse en productor real de tecnología de defensa, y lo está haciendo con el respaldo inesperado de India. Hasta ahora, el modelo marroquí se basaba en ensamblaje parcial o producción bajo licencia de equipos occidentales, sin control total del proceso industrial. Pero la nueva cooperación con India introduce un giro: transferencia de tecnología, fabricación completa y desarrollo conjunto, no solo montaje.
El ejemplo más claro es la planta de Tata Advanced Systems en Berrechid (cerca de Casablanca), donde se fabrican blindados WhAP 8x8. Este proyecto no es solo industrial, sino que marca el inicio de una cadena de valor militar nacional con integración progresiva de componentes locales (hasta el 50% en el futuro, actualmente el 35% de los componentes son fabricados en Marruecos).
Desde Rabat, el movimiento está respaldado por una línea política marcada desde la jefatura del Estado. Marruecos lleva varios años construyendo una base propia en defensa con una idea concreta: producir dentro del país y no depender únicamente de la compra exterior. Esta orientación está alineada con las directrices del rey Mohamed VI, que ha situado la industria militar dentro de la estrategia nacional de desarrollo y de refuerzo de capacidades estratégicas, impulsando acuerdos que incluyan transferencia tecnológica y formación local.
El paso determinante llega con India. A diferencia de los socios tradicionales, como Estados Unidos o diferentes potencias en Europa, la relación con Nueva Delhi se basa en compartir producción y conocimiento. Desde la perspectiva institucional marroquí, el objetivo es reforzar la autonomía. Esto significa garantizar capacidad de suministro propio en caso de crisis y controlar parte del ciclo industrial de defensa. La ley aprobada el 14 de julio de 2020 permitió precisamente crear ese marco para atraer empresas extranjeras con condiciones de producción local, y desde entonces Rabat ha buscado socios que acepten ese esquema. En paralelo, se han impulsado zonas industriales específicas para defensa y se ha vinculado este desarrollo con otros sectores estratégicos como la automoción o la aeronáutica, donde Marruecos ya tiene presencia de grandes fabricantes internacionales.
India encaja en esta estrategia por dos motivos. Primero, porque dispone de un ecosistema industrial propio capaz de trasladar tecnología. Segundo, porque busca posicionarse en África como proveedor alternativo (los últimos años se ha movido con la industria de Egipto y ha tanteado incluso empresas españolas para producir). El acuerdo entre ambos países, formalizado con un memorando de entendimiento en 2025, cubre no solamente a la industria, sino también formación, ciberdefensa y cooperación técnica, lo que indica una relación estructural, no puntual. Desde Nueva Delhi se plantea además Marruecos como una puerta de entrada al mercado africano, dentro de su estrategia de exportar defensa bajo el modelo “Make with Friends”.
Para Marruecos, la ambición no se queda en el ámbito interno. El plan pasa por convertirse en plataforma regional, aprovechando su posición geográfica entre Europa y África y su estabilidad política. La producción local de sistemas como los blindados es el primer paso, pero el enfoque apunta a generar capacidad exportadora hacia países africanos que buscan modernizar sus fuerzas armadas. Este posicionamiento cobra más relevancia en un contexto internacional en el que algunos proveedores tradicionales han reducido su presencia, lo que abre espacio a nuevos actores industriales.
En paralelo, el siguiente paso que ya se plantea en el entorno industrial es avanzar hacia sistemas más complejos. La cooperación con India no se limita a vehículos terrestres; en las conversaciones bilaterales se incluye la posibilidad de ampliar el modelo a sectores como la aeronáutica, donde Marruecos ya tiene una base industrial civil consolidada. La clave aquí es el paso progresivo hacia una mayor integración local en diseño, desarrollo y fabricación.
Hoy operan en el país alrededor de 150 empresas aeroespaciales, con presencia de actores globales como Airbus, Boeing, Safran, Thales o Collins Aerospace, que generan en conjunto unos 2.500 millones de euros anuales y más de 25.000 empleos directos. Se fabrican desde componentes estructurales de fuselaje, cableado eléctrico (EWIS), partes de motores o interiores de cabina, destinados a modelos como el Airbus A320 o el Boeing 737. De hecho, dentro del sector se asume que prácticamente cualquier avión comercial incorpora alguna pieza producida en el país, lo que refleja su integración real en la cadena global de suministros.
Cabe destacar al grupo francés Safran, que ha decidido instalar en Marruecos una línea de ensamblaje de motores aeronáuticos vinculados al Airbus A320neo, con producción prevista de cientos de unidades al año. Este tipo de proyectos implica t
Fuente: AS